El batey

Esta serie constituye un primer ejercicio de aproximación y reconocimiento. Antes de abordar de manera específica el proyecto, necesito comprender el espacio donde estas realidades ocurren: cómo está organizado el batey, cómo son sus viviendas, qué objetos forman parte de la vida cotidiana, dónde se reúne la gente y de qué manera se relacionan los espacios privados con los lugares compartidos por la comunidad.

Las fotografías recorren caminos, casas, patios, colmados y zonas comunes. Observan las construcciones y sus transformaciones, los materiales empleados para levantar, ampliar o reparar una vivienda, pero también aquellos objetos que revelan formas concretas de habitar: una silla frente a la puerta, la ropa tendida, un coche de niño, recipientes para almacenar agua, una moto, un juguete abandonado. Cada elemento aporta información sobre la economía doméstica, los vínculos familiares, las necesidades y las estrategias desarrolladas para sostener la vida.

Las personas aparecen dentro de este entramado, no como figuras aisladas, sino como parte de una dinámica comunitaria que desborda los límites de la casa. Las puertas permanecen abiertas, las conversaciones ocupan los pasillos y los niños convierten cualquier sombra o espacio disponible en un lugar de juego. En el batey, lo íntimo y lo colectivo parecen estar separados por fronteras muy frágiles: la vida privada se prolonga hacia el exterior y la calle funciona también como patio, lugar de encuentro y extensión de la vivienda.

Estas imágenes no intentan construir una visión definitiva ni total del batey. Funcionan como apuntes de una investigación en proceso, como un archivo inicial para aprender a mirar y formular nuevas preguntas. Fotografiar se convierte aquí en una forma de recorrer, reconocer y comprender el territorio antes de interpretarlo. Un intento por acercarme a su complejidad desde lo que está a la vista, pero también desde aquello que comienza a revelarse cuando se permanece y se observa con atención.

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