El batey en panorámico
El paisaje nunca es únicamente aquello que está frente a nosotros. También es la forma que adquieren la historia, el trabajo y las relaciones cuando se inscriben sobre un territorio. En el batey, esa inscripción permanece vinculada a la caña de azúcar y a una estructura económica que organizó el espacio, desplazó trabajadores y condicionó la vida de varias generaciones.
Estas fotografías entienden el paisaje como un archivo. En él conviven lo que permanece y lo que ha sido transformado por quienes decidieron —o tuvieron que— hacer de ese lugar su hogar. El batey dejó de ser solamente un espacio asociado al trabajo para convertirse en comunidad, memoria y pertenencia. Sin embargo, continúa marcado por la tensión entre habitar un territorio y no ser reconocido plenamente dentro de él.
La ausencia de personas en las imágenes no representa un vacío. Permite observar las estructuras que rodean y condicionan su existencia. El territorio aparece entonces como testimonio de una presencia que no siempre es visible para el resto de la sociedad: la de quienes han construido allí una vida, aun cuando sus derechos, su identidad o su pertenencia permanezcan en discusión.
Este trabajo propone mirar el batey no como un paisaje distante ni como una realidad ajena, sino como parte de una historia que continúa activa. Una historia en la que la tierra produce, el territorio conserva y la memoria insiste. Porque incluso cuando los cuerpos no aparecen, el paisaje guarda las huellas de todo lo que han vivido.
















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