El batey se mira a sí mismo
Al caer la noche, una de las iglesias del batey y un tendedero de ropa se convirtieron en pantallas. Sobre sus superficies aparecieron los rostros, los paisajes y las escenas cotidianas que Proyecto Batey ha reunido hasta ahora.
Las imágenes regresaron así al lugar del que nacieron. Dejaron por un momento el archivo para habitar las paredes de la iglesia, las telas suspendidas y la oscuridad del paisaje. Allí, ampliadas por la luz, fueron reconocidas por quienes también forman parte de ellas.
Niños, jóvenes y adultos se reunieron frente a las proyecciones. Hubo conversaciones, risas, silencios y gestos de reconocimiento. Alrededor de la imagen se creó un espacio común: un momento de convivencia en el que el arte sirvió como punto de encuentro.
Más que mostrar el trabajo realizado, esta actividad buscó devolverlo a la comunidad. Hacer que el batey pudiera mirarse a sí mismo, reconocerse en sus habitantes, en sus espacios y en su memoria cotidiana.
Por una noche, las imágenes no hablaron solamente sobre el batey: fueron parte de él.




































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